El utilitarismo y sus consecuencias negativas

Por Rafael Montiel - Columnista Invitado

El utilitarismo es una corriente filosófica que promueve la utilidad, los beneficios y la felicidad que trae el bienestar que proporcionan los objetos, la comodidad y las cosas materiales. El utilitarismo es contrario al sentido común de la filosofía. El hedonismo y el utilitarismo van tomados de la mano, porque en el primer caso fomenta el placer sexual y la búsqueda de la felicidad en la sensualidad y la belleza física. En el utilitarismo prevalece el tener por encima del ser humano y de los valores éticos.





La idea del utilitarismo entró en los siglos XVIII y XIX. Sus pensadores fueron los ingleses Jeremy Benthan y Jhon Stuard Mill, quienes sostuvieron que el hombre debe alcanzar la felicidad mediante la utilidad de las cosas, acumulando capital y ganancias en la economía que luego se transforma en bienestar, confort y felicidad.

En la antigua Grecia el representante del hedonismo fue el filósofo Epicuro (341 a. C – 270 a. C) que fomentó la felicidad en los placeres sexuales y la buena vida, sin perturbaciones ni preocupaciones.

El utilitarismo tiene el aspecto negativo cuando se utiliza a las personas como medio para aumentar el bienestar. La explotación del hombre por el hombre, el cúmulo de riquezas a costa de otros, causando perjuicio y daños al semejante. Por eso esta corriente es considerada por los críticos como inmoral.

El lado negativo de esta idea se encuentra en plena vigencia en este siglo XXI, por la tendencia a ganar dinero rápido y llevar la vida fácil, sin importar los medios.

La “cosificación” de las personas significa que los seres humanos son considerados cosas útiles, pero también fácilmente desechables, una vez que hayan cumplido su misión y los años de servicio.

Esta corriente utiliza a las personas como objetos para el bienestar, ganar dinero y la explotación sexual. Muchos aprovechan el cargo, el poder para someter a sus víctimas incluso bajo presión y chantaje moral.

La sensualidad es explotada por gran parte de la sociedad, pero no todos, porque existen excepciones que mantienen el respeto a la dignidad de las personas y que defienden el derecho de la autonomía sexual.

El materialismo exagerado, la ambición desmedida y la idea de acumular riquezas siempre llevaron al hombre a cometer barbaridades y causar muchos daños a la sociedad.

Existen calificativos que demuestran la aplicación del utilitarismo. Por ejemplo “inútil”, “idiota útil”, “incapaz”, “inepto”, expresiones denigrantes que prueban la malicia de utilizar a las personas para beneficio propio.

Ante esta corriente, es necesario mantener los valores y principios éticos. La educación y la conciencia crítica son las vías para contrarrestar al utilitarismo. Es mejor fomentar el “ser” en vez del “tener”. El ser humano desarrollado en todas sus dimensiones física, social, espiritual e intelectual, deja huellas imborrables a pesar del tiempo.

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